A. Naturaleza y aspectosEs una transformación espiritual y sobrenatural (nuevo nacimiento o regeneración) que se efectúa en el alma y la vida del creyente. Jn 3:3- 5; 1:12; II Co. 5:17. La salvación, aunque es una, se puede considerar bajo distintos aspectos: a. Regeneración y adopción. b. Justificación. c. Santificación.
a. Regeneración y adopción.Se llama regeneración a la experiencia del nuevo nacimiento o nacimiento espiritual. Es un acto creativo del Espíritu Santo, por medio del cual Dios imparte al alma una nueva naturaleza y el creyente recibe la vida de Dios y un nuevo corazón, limpio y purificado por la sangre de Cristo. Jn. 1:12; 3; II Co. 5:17; Tit. 3:5; Ap. 1:15. Se llama adopción a la asunción y recepción de una persona extraña a la condición y situación de hijo, con el derecho a la herencia. Ro. 8:15; Gá. 4:5. Por medio de la adopción, el creyente llega a ser y recibir por gracia todo lo que Cristo -el Hijo -es por naturaleza. La regeneración y adopción o filiación divina, nos habla de una escena doméstica, pues somos incorporados en Cristo a la familia de Dios.
b. Justificación.Es el decreto por medio del cual Dios, en virtud de los méritos de Cristo, declara libre de culpa, justo e inocente al pecador, y lo trata como si nunca hubiera pecado. Ro. 5: 1; Hch. 13:39; Tit. 3:7. Implica la imputación o descargo de toda la culpabilidad del pecador sobre Cristo, cuyo sacrificio expiatorio satisface la justicia divina. La justificación habla de una escena judicial en la cual Dios es el Juez, el pecador el acusado o reo, el diablo el fiscal acusador y el Señor Jesucristo el Abogado defensor.
c. Santificación.La santificación es la operación bondadosa y continua del Espíritu Santo mediante la cual El liberta al pecador justificado de la corrupción del pecado, renueva toda su naturaleza a la imagen de Dios y lo capacita para hacer buenas obras. Implica separación del pecado, dedicación y comunión con Dios. Es instantánea por derecho y fe en los méritos de Cristo y progresiva de acuerdo al desarrollo de la experiencia del creyente. También significa identificación con Cristo en su muerte y resurrección, y rendición continua al Espíritu Santo. Ro. 12:1-2; 1 Tes. 5:23; He. 13:12; 12:14; Ro. 6:1-13; 8:1,2, 13; Gá. 2:20; Fil. 2:12-13; I Pe. 1:5.
B. Necesidad
La necesidad de salvación y expiación realizada por Jesucristo, se fundamenta en los siguientes motivos:
a. Santidad y justicia divinas. Dios no puede pasar por alto el pecado, ni justificar al culpable. Era necesario el sacrificio expiatorio de Cristo por el pecado, siendo que Dios es justo y santo. Ex. 34:7; Nm.14:18; Neh.1:2; Sal. 5:4-6; 85:10; Ro. 1:18; 3:25-26.
b. La inmutabilidad de la ley divina, que demanda la satisfacción del
pecador. Si Dios determinó salvar al pecador y éste no podía salvarse a sí mismo, necesariamente debería proveerse una satisfacción vicaria. Dt. 27:26; Mt. 5:18.
c. La veracidad de Dios. Nm 23:19; Ez. 18:4; Ro. 3:4; 6:23.
d. La naturaleza del pecado, como culpa. El pecado no es simplemente una debilidad humana, sino transgresión de la ley de Dios, y por tanto culpa y toda culpa hace al responsable deudor ante la ley, la que exige expiación, sea personal o vicaria.
Si la magnitud o alcance de la culpa no se mide por el ofensor, sino por la persona ofendida, que en este caso es un Dios infinito, el alcance y la culpabilidad del pecado son infinitos y exigen una satisfacción infinita. Siendo que el pecador es hombre y el ofendido es Dios, sólo un ser que sea a la vez Dios y hombre será capaz de expiar la culpa del pecado; como hombre puede sustituir al pecador y como Dios, su obra expiatoria tiene alcance infinito y puede satisfacer la ofensa y borrar la culpa infinita. Así sólo Jesucristo pudo salvamos. I Jn. 3:4; Ro. 2:25-27. Más aún, la misma grandeza del sacrificio que proveyó el Padre en su Hijo, pone de manifiesto la necesidad de expiación.
C. Consideraciones
La salvación es absoluta y totalmente gratuita e inmerecida. Comienza, se desarrolla y se perfecciona por fe, sin mérito ninguno personal. Sin embargo, hay dos condiciones o requisitos previos, no meritorios pero sí necesarios: a. arrepentimiento para con Dios.
b. La fe en el Señor Jesucristo. Lc 24:27; Ef. 2:8; Hch. 20:21.
a. Arrepentimiento. Es un cambio de actitud y de propósito que implica íntimo abandono del pecado y disposición a buscar el perdón y la pureza. Sal. 51 :5, 7, 10. Jer. 25:5; Hch. 2:38; Ro. 2:4.
b. La fe. Es una virtud sobrenatural por la que asentimos y aceptamos las verdades reveladas por Dios en su Palabra, basados no en la comprensión de nuestra mente, sino en la autoridad de un Dios que no puede engañarse a sí mismo ni engañamos a nosotros. Lc. 18:42; Hch. 6:7; I Ti. 4:1; Jud. 3; He. 1:1; Ro. 10:17. El acto de fe afecta al intelecto, Ro. 1:19,20; 10:14; a las emociones, Mt. 13:20,21; Jn. 8:30-31; y a la voluntad, Pr. 23:26; Mt. 11:28-29. La fe es don de Dios. Ro.12:3; II Pe.1:1; y viene por la Palabra de Dios. Ro. 10:14.17; Jn. 5:47; Hch. 4:4.
D. Seguridad de la salvación.Es la certeza, convicción y confianza de haber sido aceptados por Dios y del perdón de pecados por medio de la fe en los méritos de Cristo y testimonio de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, con una vida nueva. I Jn. 5:11-13; Ro. 8:16; II Co. 5:17; Ro. 10:9, 12; Jud. 21,24; I Jn. 1:7; Ro. 10:13. No aceptamos la predestinación incondicional y entendemos que la seguridad de la salvación no da lugar de ningún modo para una vida licenciosa, libertina y temeraria.